no entiendo muy bien lo que has explicado de porqué no te casas... porque según eso, tú no tienes ningún amor humano en la tierra y esto es difícil de vivir y seguro que cuesta mucho pasar toda una vida así...
Respecto de lo de no casarme sí, eso es cierto. Pero no lo es que los numerarios seamos unos solterones, unas personas sin amor. Creo que es todo lo contrario: somos gente que ama con todo su corazón a Jesucristo, que es una persona humana (y también divina). Y me parece que amar, y entregarse a la persona amada, es lo que hace que una persona sea feliz en esta tierra. Pienso que el dinero, la fama, o los éxitos humanos no dan la felicidad (sobre esto hay innumerables testimonios de personas que han gozado de ellos y los han dejado por Dios).
A San Josemaría le gustaba hablar de que hemos de estar enamorados -así: enamorados- de Jesucristo. Porque en eso no hay nada de sensualidad ni de pecado, sino todo lo contrario. Pienso que no le faltaba razón.
A mí me ayuda pensar que Jesús también se merece que alguien le diga: "yo quiero amarte a tí, sólo a tí y para siempre". Si muchas personas reciben esta declaración de sus cónyuges, ¿por qué no tiene derecho a recibirla el creador del Universo?: Él también tiene un corazón humano necesitado de amor.
Además, creo que cuando una persona ama con un amor exclusivo a Jesucristo su corazón se ensancha, para que quepan muhcas más personas: todos los hombres; porque su corazón se parece cada vez más al de su amado. Entoces se empieza a amar a todos como Él les ama.
¿Esto cuesta? Claro que cuesta. Como también cuesta ser fiel a un marido o a una mujer durante toda la vida. Pero creo que ser fieles, como siempre, vale la pena.
En fin, ¡se ve tan claro cómo el Señor premia con el ciento por uno -ya en esta vida- cada detalle que le entregamos!
Espero habertelo conseguido explicar. Si no ha sido así, no dudes en seguir preguntando.
¿Por qué no se casan los numerarios?
Un numerario cuenta qué es un numerario
He conocido este blog a través de un amigo. Me ha impresionado lo que cuentas sobre los centros del Opus Dei en tantos lugares. También me ha gustado de hables de los del Opus con ejemplos de personas concretas, como Montse. Estoy de acuerdo con lo que dices de que es una familia. Pero me gustaría que explicases mejor qué es un numerario.
Gracias por todo lo que dices. Da gusto ver cómo este blog está ayudando a la gente. Ese era mi objetivo, cuando lo comencé hace un mes.
Hasta ahora me consta que ha habido gente que ha resuelto sus dudas sobre la Obra, o sobre enseñanzas de la Iglesia, otros han entrado en contacto con centros de la Obra en diversos lugares...; y espero que otros se hayan dado cuenta, al menos, de que las cosas -algunas veces- no son lo que parecen.
No me resulta fácil explicar qué es un numerario del Opus Dei. Y eso que yo soy numerario. Pero inentaré hacerlo lo mas brevemente posible:
A mi modo de ver, un numerario es un cristiano corriente, que ha entregado su corazón por completo a Dios, y se compromete a vivir según el espíritu de la Obra. Esta definición se me acaba de ocurrir. Supongo que, si lo pienso un poco más, daré con una más adecuada. Pero creo que esto va bien para empezar.
Es decir, que es un cristiano normal y corriente, que se gana la vida trabajando lo mejor que puede. Y no se casa por amor a Dios: para darle indiviso el corazón (los numerarios recibimos el don del celibato, como muchas otras personas). No es que no se case sólo para tener más tiempo, para dedicarlo a sacar adelante la Obra, sino que lo hace por un motivo de amor. Esto no es fácil de entender, pero creo que es así.
De todas formas, como esto ha quedado muy general, agradecería cualquier tipo de comentario o pregunta -tuya o de otros- a este post, para poder dejarlo más claro.
¿Por qué buscar el dolor?
Aquí incluyo un comentario muy bueno a un post, que de hace unos días sobre "la mortificación en el Opus Dei: pinchos y látigos", con su correspondiente respuesta (es el 2º que recibo de un tal Fernando):
No lo pillo. Sigo sin entender porqué hay que buscar el dolor y agradecería una nueva explicación más centrada en eso, exclusivamente eso.
Entiendo dejarlo todo (carrera, futuro, proyectos, dinero, padres, hermanos, afectos,..) por amor a Cristo, a la Iglesia y a los hombres. Entiendo vender todo, darle el dinero a los pobres y seguir al Señor. Entiendo por ejemplo buscar y aceptar la pobreza, la obediencia y la castidad, buscando la humildad para llegar a una unión intima con Dios, de tú a Tú. En todo ello hay una renuncia a los bienes, a la voluntad y al afecto sexual pero no una castración, es más, todo eso continua para poder decir todos los días Si a Dios.
Pero sigo sin entender lo de provocar el sufrimiento físico. Insisto en que Jesús aceptó la cruz, pero no provocó ese dolor. Creo que una cosa es aceptar los acontecimientos de dolor, y otra muy distinta es provocarlos. Aceptar el sufrimiento y no sólo eso, alegrarse en él, es genial. El mismo S. Pablo se alegra de las persecuciones, insultos y arrestos y se goza de sufrir por el Señor ("dichosos los perseguidos a causa de la justicia" dice una de las bienaventuranzas).
Así mismo creo que situaciones de dolor que vive el hombre en su vida cotidiana, sin que él las provoque, le hacen aprender, de manera que no dudo que haya toda una pedagogía en el sufrimiento.
También entiendo la enseñanza o pedagogía del dolor de los propios pecados, pero no logro entender la enseñanza de provocarse dolor.
La caridad no es mortificación sino respuesta inmediata a la gracia. Sonreir al pesado, procurar la alegría,... es falso si lo ves como esfuerzo y no sale natural de uno mismo, ese es el punto donde la caridad se transforma en mortificación, y eso creo que es un error. A la caridad sólo se llega desde la plena experiencia del amor gratuito de Dios y no por esfuerzos humanos, vamos que iba a durar mucho Teresa de Calcuta si detrás de todo ello no hubiera una experiencia del amor de Dios...
Has vuelto citar como motivo para la mortificación "desagraviar por nuestros pecados", sinceramente lo veo como no aceptar el perdón y comprar a plazos la gracia.
Me leeré la encíclica de JP, a ver si me aclara cosillas...
Por cierto, según tengo entendido Orígenes no es considerado santo, pese a su estupenda doctrina, debido a que se mutiló los genitales harto de sus constantes tentaciones, así que lo de que "para que el cuerpo no se revele"... como que tampoco lo veo.
Gracias, un abrazo
Fernando
(gracias por incluirme en tu lista de intenciones...)
Te recuerdo que no es algo fácil de entender. Es más, es muy difícil de entender. Por eso comprendo perfectamente tu postura.
Lo que ahora te voy a decir no son ideas que me van llegando a la cabeza, sino que son parte de mi vida. Realidades que me ayudan en el día a día. Aunque, si te sirve de consuelo, me ha costado mucho entender lo que te voy a contar. Y todavía no lo acabo de coger del todo.
Estoy de acuerdo contigo en que no se trata de castrarse, sino de dominarse por amor.
No sé si piensas que se trata de buscar el dolor por el dolor: eso no. El dolor de busca, como medio para identificarse con Jesucristo, que padeció la pasión por amor a nosotros.
Lo de que Jesús no provocó la Cruz, sino que la aceptó, habría que matizarlo. Porque Él es Dios, y podía haber elegido multitud de maneras para redimirnos. He oído decir que nació en la época de los romanos, porque el tormento más grande que ha habido y habrá en la historia es la crucifixión. Si hubiese habido alguno peor en el futuro, habría nacido en otra época, para demostrarnos así su amor. Creo que no le faltaba razón al que lo dijo. ¿Por qué iba a elegir si no nacer hace 2000 años?, ¿y por qué no morir en silla eléctrica, que es más rápido?, ¿y por qué no redimirnos sin necesidad de encarnarse?, ¿y por qué no Cruz sin flagelación?, ¿y por qué no sufrir la Pasión tras haber dormido cómodamente en una cama varias horas, y haberse tomado pastillas tonificantes?... Podía haber nacido en cualquier época: ¿por qué eligió aquella?
Ya que me citas a S Pablo, te diré que él también escribió que “sufro en mi carne lo que falta a la pasión de Cristo, en beneficio de su cuerpo, que es la Iglesia”. Esta frase ha sido muy comentada, y pienso que desvela parcialmente el misterio del dolor. Creo que todos podremos profundizar más en su sentido, pero me parece que da a entender que con nuestros sufrimientos –buscados y no buscados-, colaboramos con la obra de la redención. Si los unimos a los de Cristo en la Cruz, cooperamos con Él: sacamos adelante la Iglesia.
Vuelvo a la carga con S Pablo: “revestíos de Nuestro Señor Jesucristo”. Así, con los dolores, no sólo colaboramos con la redención del mundo, sino que también nos identificamos con Jesucristo, que es el único fin de la vida cristiana. Porque cristiano significa seguidor de Cristo.
Pienso que, a veces, la mejor mortificación es una buena sonrisa. Creo que no se debe vivir la caridad con los demás sólo cuando sale sin esfuerzo, sino que, a veces, hay que hacerse algo de violencia. Igual que Jesús se hizo violencia para morir en la Cruz (“Padre, haz que pase de mí este cáliz, pero no se haga mi voluntad, sino la tuya”). Por eso, creo que, encontrar la Cruz es encontrar a Cristo. Y tener la Cruz es tener la alegría, porque es tenerle a Él. Pienso que esta es la causa de que la Iglesia recomiende la práctica de la mortificación: el camino del amor se llama sacrificio.
Yo, antes de seguir preguntando, me leería la carta de Juan Pablo II, porque muchas de las dudas que tienes se resuelven ahí; pero tú haz lo que quieras. Viva la libertad.
Miembros del Opus Dei
Vale. Tiene pinta de que el Opus es una movida de la Iglesia. Que está bien, vamos. Pero lo que me parece a mí es que los del Opus son tíos un poco raros. Algo así como ángeles, que se pasan el día rezando o haciendo sacrificios, como el Padre Escrivá. Me ha dejado muy pillado este blog, porque pareces un tío normal. De la calle como yo. Una persona real quiero decir. Mi pregunta es: ¿hay gente del Opus normal?
Yo conozco a unas cuantas personas de la Obra. Posiblemente más que tú. Y voy a desvelarte un secreto: en "el Opus", como en todos lados, hay gente de todo tipo. Hay madres de familia y sacerdotes, abogados e ingenieros (como yo), jóvenes y menos jóvenes, taxistas y empresarios, trabajadores del campo y deoprtistas, diseñadoras de moda y escritores, estudiantes y ancianos jubilados, chinos y africanos, altos y bajos, campesinos de los Andes y cuidadores de gallinas en la Mancha; en fin, todo tipo de personas. Algunos son más "normales" y otros menos, depende de lo que entiendas por "normal". Como en todas las familias, hay personas de todo tipo.
Te pondré un ejemplo que es matemático, pero se entiende bien: todos los de la Obra tenemos un común denominador, pero un numerador diversísimo. El común denominador es la fe de la Iglesia, el amor a Jesucristo, y el afán por vivir bien la vida cristiana.
El numerador es variadísimo: hay de todo. Para detallar más esto, te pondré algunos ejemplos de personas de la Obra, que han muerto con fama de santidad (los hipervículos llevan a biografías suyas): Mons. Álvaro del Portillo, primer sucesor de san Josemaría al frente de la Obra; María Ignacia García Escobar, primera mujer de la Obra; Isidoro, uno de los primeros fieles dede la Obra; Montse, una joven catalana; Toni Zweifel, ingeniero suizo; Ernesto Cofiño, un médico guatemalteco; los hermanos Eduardo y Guadalupe Ortiz de Landázuri; Pedro Casciaro, vivió cerca de S Josemaría y cuenta cómo era un santo muy "normal"; José María Somoano, mártir en la guerra civil española. (Sobre los comienzos de la Obra también hay un relato de Francisco Ponz, uno de los pocos que vivió los primeros pasos y todavía sigue vivo).
Por si tienes ganas de saber más de ellos, te hablaré un poco de algunos:
Monseñor Álvaro del Portillo, prelado del Opus Dei (Madrid, 1914 - Roma, 1994). Don Álvaro, como le llamamos millones de personas que acudimos a su intercesión en todo el mundo. Le pongo el primero, porque le tengo mucha devoción. Era un buen estudiante de ingeniería cuando conoció a Josemaría Escrivá de Balaguer. Sintiendo que Dios lo llamaba por ese camino, se incorporó al Opus Dei en 1935. Sacerdote desde 1944, fue el principal colaborador de san Josemaría y su sucesor, en 1975, al frente de la Obra. En Roma, donde residía desde 1946, era muy apreciado -entre otros motivos- por su trabajo en el Concilio Vaticano II (1962-1965), en el que contribuyó a potenciar el papel de los laicos en la Iglesia. Por su bondad y su humildad muchas personas de toda clase y condición -"normales" y menos "normales"- le tenían grandísimo afecto. Álvaro del Portillo murió en Roma el día siguiente de su regreso de una peregrinación a Tierra Santa, el 23 de marzo de 1994. Ese mismo día, Juan Pablo II acudió a rezar ante sus restos mortales. El cardenal Camillo Ruini, obispo vicario de Roma, abrirá el 5 de marzo la fase diocesana de su causa de canonización.
Isidoro Zorzano (Buenos Aires, 1902- Madrid, 1943)
Fue uno de los primeros fieles de la Obra. Como ingeniero -ingeniero industrial, como yo- en una empresa de ferrocarriles y como profesor, supo poner su valía profesional al servicio de los que le rodeaban. En la tensa situación social que vivió España en torno a la Guerra Civil, Isidoro ayudó al Fundador a poner los cimientos de la Obra, sacrificándose con abnegación y transmitiendo a los demás la paz y serenidad que le daba su cercanía con Dios. Murió de una dolorosa enfermedad que sobrellevó heroicamente.
Montserrat Grases (Barcelona, 1941- 1959)
En plena juventud, Montse encontró en el Opus Dei una senda para ofrecer su corazón a Dios. Sin salirse de la vida normal de una chica de su edad -en sus estudios, en su vida de familia, en sus diversiones-, derrochó a su alrededor la alegría propia del cristiano que lucha por arrimarse a Dios. Un cáncer de huesos la postró físicamente, pero no le impidió seguir contagiando su vitalidad y su alegría, enraizadas en Dios, a sus amigas. La fortaleza y visión sobrenatural que demostró hasta su encuentro definitivo con el Señor han ayudado a mucha gente joven, que ve en Montse un modelo de entrega alegre en lo ordinario.
Toni Zweifel (Verona, 1938- Zürich, 1989)
Ingeniero industrial -también como yo: pongo varios ingenieros, porque me caen mejor-, desarrolló su trabajo profesional en Suiza. Su carácter cordial y su sencillez se tradujeron en una vida cristiana normal y, a la vez heroica. En la Obra descubrió la dimensión sobrenatural del trabajo como servicio, lo que le movió a acometer proyectos en favor de los más necesitados en más de 30 países, con especial incidencia en la promoción de la familia y la mujer. Con la sencillez que vivió siempre, supo aceptar una leucemia que provocó su fallecimiento en 1989.
Ernesto Cofiño (Guatemala, 1899- 1991)
Pediatra de gran humanidad, el doctor Cofiño hizo propio el reto de dar solución a problemas públicos de su país como los derivados de la orfandad, la hambruna o la falta de educación escolar y sanitaria. Su amor a Cristo y a la Virgen, que fue creciendo por medio de una honda piedad, le impulsaba a preocuparse de la salud física y espiritual de sus pacientes. El doctor Cofiño animó a mucha gente a colaborar económicamente, y también con sus oraciones, en el impulso de iniciativas sociales de promoción humana y cristiana. Fomentó y defendió el derecho y el amor a la vida, por medio de iniciativas en beneficio de futuras madres, de niños y niñas de la calle, de huérfanos. También promovió asilos y centros asistenciales. Murió de cáncer a los 92 años, después de una enfermedad larga y dolorosa que aceptó cristianamente.
Eduardo Ortiz de Landázuri (Segovia, 1910- Pamplona 1985)
Médico español que se afanó por servir a sus pacientes con su competencia profesional, su profunda humanidad y su proximidad a Dios. Cuando era joven, el fusilamiento de su padre le originó una profunda crisis espiritual que superó perdonando a los que habían cometido aquel acto. Desde ese momento puso su vida al servicio de los enfermos, en especial de los más necesitados. Su trabajo y su familia -su mujer, Laurita, y sus siete hijos- fueron los dos pilares sobre los que, viviendo con fidelidad el espíritu de la Obra, edificó su camino hacia el Cielo.
Sentido de la mortificación y el sacrificio
A continuación publico un comentario que hizo ayer Fernando a "Mortificación en el Opus Dei: pinchos y látigos". Me ha parecido muy interesante, y por ello lo subo del rango de comentario al de post. Aquí va:
Lo de la mortificación no logro entenderlo muy bien. Se habla de la mortificación para purificar el "cuerpo" o la carne, ¿es que acaso el cuerpo es malo?
¿y para redimir los pecados? A mi me han transmitido una fe en Dios misericordioso. Entiendo que a Dios le apene mi pecado, pues significa que me pierdo la fiesta de ser feliz y como criatura suya que soy siente que me equivoque, pero cuando vuelvo a casa y, perdonado, soy recibido en su seno, no tengo que hacer nada... he recibido un regalazo y eso no tiene precio. Podría ser que al mortificarme esté comprando ese regalo, entonces dejaría de lado la humildad para obtener en derecho la gracia.
Ayunar, sin embargo conduce a una situación de intimidad con Dios, significa dejar de lado todo para aderntrarse en el Desierto, lugar de encuentro con Aquel. Similar a lo que hacían los primeros monjes.
Por otro lado, es cierto que el sufrimiento se puede tornar en oración, no lo niego. Es común ofrecer los dolores propios del cuerpo, o las faltas, los insultos y los desprecios de los demás, pero esos sufrimientos nos vienen dados, no nos resistimos, y a imitación de Jsucristo, ofrecemos todo ello.
Pero lo que no logro entender es lo de provocar el sufrimiento, ¿acaso Jesús provocó su muerte? Creo que no, sucedió y el la aceptó, no se resistió al mal. Creo que en ningún momento dijera:"Podría ser un latigazo más, por favor"
Por último, lo que si entiendo son las mortificaciones, que yo más bien llamaría actos de caridad, a los que te refieres, salvo la de sonreir a los "cargantes" (un tio palizas que te está dando la brasa)porque creo que a parte de mortificación es también mentir, ¿o acaso se está siendo sincero con esa persona? ¿No es mejor hablar con libertad?
Un abrazo,(reza x mi)
Siento que en esta pregunta voy a saltarme a la torera la filosofía de mi blog: contar vivencias personales, sin dar argumentos muy profundos. Pero esta pregunta va al fondo, y, para resolverla, yo también tendré que ir al fondo. Espero que se entienda todo bien. Y me disculpo de antemano si me voy demasiado por las nubes:
No me extraña que no lo entiendas muy bien, si así fuese serías uno de los más eminentes teólogos de la historia de la Iglesia. Esto lo digo porque Juan Pablo II, en su encíclica Fides et Ratio dice que -cito de memoria, no es textual- el gran escollo que se encuentra el entendimiento humano es el misterio de la Cruz. Ante él todos chocan; pero de la respuesta que le den dependerá en gran medida su vida entera.
Por ello, para responderte adecuadamente a esta pregunta necesitaría escribir un libro o algo así. Como no sé ni puedo hacerlo, te remito a otro documento de Juan Pablo II, en el que explica el problema del dolor: Salvifici doloris.
De todas formas, si se te hace pesado leerlo, te responderé con una de las pocas doctoras de la Iglesia, S Teresita de Liseux, que murió cuando tenía mi edad. Ella consiguió adentrarse más que los demás en este misterio de la Cruz. Enseñaba que las mortificaciones han de buscarse como el más preciado tesoro, porque lo son. También dice en "Historia de un Alma" que hemos de buscar el dolor en toda su pureza, sin mezcla de compensaciones, pero buscando sólo consolar a Dios con ello.
Antes de decirte mi opinión, te cuento lo que dijo un tercero, S Juan de la Cruz, que también fue un buen catedrático en esto de la ciencia de la Cruz. En la "Subida al monte Carmelo" cuenta -valiéndose de una bella alegoría- cómo Dios es un Padre amoroso, que quiere alimentanos a todos nosotros, sus hijos. Para nutrirnos bien, lo ideal sería darnos un buen filete -esto es la Cruz, los dolores, la mortificación-; pero algunos no estamos preparados para ello, porque somos pequeños, no tenemos dentadura, no nos apetece, etc. Entonces nos alimenta con chucherías, como a los niños. Estas chucherías son los consuelos del alma: el estar agusto con Dios y que todo vaya bien. Pero todo esto nos lo da pensando en los sacrificios -buenos filetes-, que nos dará cuando estemos preparados. Su único objetivo es que consigamos una nutrición adecuada, para poder crecer sanos. A su divino Hijo le alimentó abundantemente con alimentos de los buenos: desprecios, latigazos, burlas, corona de espinas... y la Cruz.
Para acabar, y bajo la sombra de estas tres figuras, te contaré mi versión sobre el tema:
El cuerpo y el mundo no son malos, porque "Yave lo creó y vió que era bueno" (esto es del Génesis). Somos los hombres los que lo hacemos malo y feo con nuestros pecados y nuestras infidelidades. Aquí entra otro misterio: el de la Providencia y la libertad. Pero no se puede hablar de todo de un golpe.
Por otro lado, la mortificación no compra el perdón de Dios. Todo es gracia. Dios nos da todo, porque nos ama. Nosotros únicamente recogemos -o no- esas gracias: la gracia de su perdón, la de los pequeños o grandes sacrificios, y tantas otras. Todo eso lo comenzamos por una inspiración de Dios, lo continuamos ayudados por Él, y lo llevamos a término con su gracia.
Dios claro que es misericordioso. Y una de las muestras de su misericordia es que nos envía dolores. Cuando nos manda dolores, nos trata como a su Hijo Jesús, a quien más quiere, con la cruz. Cada contrariedad es para llevarse una gran alegría, porque es señal de que el Padre nos está bendiciendo con la Cruz, como a su Hijo. (Los sacerdotes bendicen con la señal de la Cruz, porque imitan al Padre).
Tampoco quiero que olvides que el Espíritu Santo es fruto de la Cruz. Como dicen los teólogos, utilizando un clásico símil, el Espíritu Santo brotó del costado abierto de Cristo tras su muerte y la lanzada. Además, en la Última Cena dijo que necesitábamos que se fuese -que muriese-, para que nos pudiese enviar al Paráclito. Pues en nuestra vida pasa lo mismo: tras las mortificaciones, nos llenamos más de Dios (del Espíritu Santo).
Para acabar te diré algunos motivos para la mortificación: parecernos a Jesucristo, amor de nuestra vida; tener el cuerpo sujeto, para que no se revele (un dualista explicaría esto diciendo que es mejor que nuestro cuerpo sea nuestro esclavo, a serlo suyo); desagraviar por nuestros pecados, y por los de los demás; fomentar el desprendimiento de los bienes de este mundo; pedir por los demás. Creo que la mortificación es como la oración de los sentidos. Una forma de oración muy grata a Dios.
Pienso que sonreír a los cargantes no es hipocresía, sino caridad de la buena. Es pocurar alegrar la vida a los demás, viendo en ellos a Cristo, independientemente de cómo sean. Esto requiere mucha virtud y mucha gracia de Dios.
En fin, no sé si te habré aclarado algo con todo este rollo. Al menos he intentado que profundicemos los dos un poco más en este misterio, que no creo que llegemos a comprender nunca en esta vida. No pretendía convencerte de nada, sino sólo comprender tu opinión y explicarte lo que pienso.
Antes de acabar quiero decirte que pienso que la vida cristiana no es sólo teoría. También hay práctica. Para comprender mejor el misterio de la Cruz, es importante practicarlo (siempre moderado por un director espiritual, claro). Un claro ejemplo de esto son los tres santos que te citaba al principio.
Insisto en lo de antes: es clave la la carta del Papa Juan Pablo II: Salvifici doloris. Un saludo. Rezo por ti.
Novedad de Benedicto XVI: Deus Caritas est
Aviso a todos los lectores de este blog, que acabo de publicar en mi página web la primera carta encíclica del Papa Benedicto XVI: DEUS CARITAS EST. Aprovecho, de paso, para deciros que estoy construyendo una página web con recursos formativos variados: www.dudasytextos.com